El olor de Delhi tiene algo muy peculiar, intenso ácido y picante. Es asfixiante, pero al final uno se acostumbra. De pronto, nosotros también, cada poro, pelo, partícula de nuestra ropa que llevamos estarán impregnadas de este olor. Eso pierde sensualidad cuando vemos que lo que hace este edor tan peculiar es un índice de contaminación que nunca antes conocimos. ¿Terminamos acostumbrandonos , o tal vez estemos viviendo en apnea? Creo que no he tomado grande inspiraciones desde que llegué, no obstante el aire no hace tanto falta. Pienso entonces que el secreto de sus habitantes es el perfecto control de su soplo interior. Porque a pesar del ruido, la locura, la intensidad de la vida de esta ciudad, una paz paradójica habita en esas personas.








Texto: Iris Kneubuhler
Fotos: Ignacio Quiroz
